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La noche de las dos lunas - minirrelato de Daniel Aníbal Galatro



Lo recuerdo muy bien. Fue en aquel raro 2007 en el que muchos tomamos conciencia del comienzo de una nueva glaciación, quizá la primera de la que el ser humano pudo ser testigo.

Otros, tal vez más numerosos que nosotros, atribuyeron el fenómeno a las acciones contaminantes no reguladas que el progreso había generado y lo vieron como una venganza de la naturaleza o un acto de justicia divina. El sentimiento de culpa judeocristiano había comenzado a florecer como en tantas otras épocas pasadas y todavía nadie podía siquiera suponer que crecería a la par del nivel de las aguas de los mares.

Sabía que el 27 de Agosto sería un momento más en mi vida en el que podría observar algo especial en el escenario maravilloso que me rodeaba. Esta vez no sería una nevada inesperada y extraña, consecuencia, casi absurda para los legos, del nuevo calentamiento global. Lo que esa noche ocurrió estaba perfectamente anticipado y calculado desde mucho tiempo atrás. Se sabía que ocurriría por esos días y no había duda de que volvería a suceder doscientos ochenta años después.

El vecino planeta Marte se acercaba inevitablemente a sólo poco más de treinta y cuatro millones de millas de distancia poco después de medianoche y se lo podría ver claramente, con el tamaño y la espectacularidad de una luna llena. Y serían entonces, aparentemente, dos de ellas quienes reinarían esa madrugada en el cielo.

Me hubiese gustado ir hasta el extremo de Punta Ballena para observar. Porque esos dos manantiales de luz emitiendo caudales blancos y rosados a un mismo tiempo, merecían un fondo como el de Casa Pueblo.

Pero debí conformarme con un lugar menos espectacular, frente al río, cerca de donde alguna vez estuviera la Punta de Lara. No era realmente un sufrimiento pues las dos lunas hacían que lo que entonces era una playa se viera extrañamente hermoso.

Me dio la impresión de que toda esa ribera tomaba este suceso astronómico como un espectáculo más de una sucesión preparada para su despedida, antes de que el río creciera inexorable y la devorara. Ya había ocurrido antes y sabía que cuando las aguas volvieran a bajar muchos años después podría lucir su belleza nuevamente.

Estaba allí sentado en la arena, solo en ese rinconcito del mundo, observando los reflejos irrepetibles que esos dos protagonistas producían en el agua amarronada, en la arena húmeda, en los antiguos sauces, en el techo y en los cristales de mi automóvil.

De pronto, una nueva luz mucho más pequeña se sumó a la escena. Al principio la supuse una estrella que una nube estuviese ocultando, pero pronto comprobé que se movía con rapidez y crecía en tamaño e intensidad a medida que se aproximaba.

Cuando ya tenía dimensiones suficientes como para desviar mi atención de una Luna y un Marte que continuaban brindando el espectáculo principal, su rumbo cambió bruscamente y tomó una trayectoria paralela a la costa. Un par de segundos más tarde pareció dejarse caer en las aguas del río para desaparecer allí.

Ya amanecía cuando regresé a la ciudad. Esa mañana todos hablaron de las dos lunas. Hasta atribuyeron el fenómeno a una confirmación más del próximo fin del mundo, o a una señal divina del castigo que se cernía inevitable sobre la raza humana, entre cientos de otras curiosas explicaciones.

Pareció que nadie más que yo había visto la tercera luz que se acercó a la costa y se sumergió en el río. Tampoco relaté lo sucedido a ninguna otra persona, hasta hoy. Quizá era tiempo de agradecer públicamente el obsequio especial de aquella noche.



Daniel Aníbal Galatro

2012

7 comentarios:

  1. Muy bien contextuado. a los que nos gusta escribir, a veces cuando vemos en la inmensidad del cielo fenómenos aparecer y desaparer, o como lo que te ocurrió "la noche de las dos lunas", callamos, pero no por egoístas, sino porque pensamos que tal vez no nos crean y piensen que solo está en "nuestra imaginación".

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    1. Hola, Norali: ya han pasado más de cuatro años desde tu comentario tan claro e inteligente. Esta noche (13 de Noviembre de 2016) tendremos otra vez como protagonista la luna más grande que durante esta vida nuestra podamos ver. Pero esta llega con todas las firmas y sellos de los sabios astrónomos que pululan en nuestros observatorios. Que puedas verla, que la disfrutes, y que no temas compartir lo que pasa por tu imaginación aunque alguno te lo critique. Tu imaginación es "otro cielo" que merece ser habitado por sus propias galaxias. Un beso desde Esquel. Daniel.

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  2. Gracias, Noralí. Las dos lunas no se produjeron como se esperaba pero de alguna manera estuvieron presentes. La tercera es la que tanto vos como yo podemos ver no con los ojos sino con el corazón, al menos por ahora. Un saludo desde Esquel y espero que me envíes alguno de tus escritos a danielgalatro@gmail.com para poder publicarlo en nuestros blogs.

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  3. Lo de las dos lunas es un fake que circula cada año por internet. Es falso, para que marte se viese del tamaño de la luna, tendría que estar tan cerca de la tierra que habría un colapso gravitacional en todo el sistema solar... pero no estaría mal que pasara, la verdad (no el colapso que muchos vaticinan -¿quizá porqué en lo más profundo de su ser lo desean?-, sino que se viesen dos lunas, una blanca, roja la otra).
    Un saludo desde Granada.

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    1. Estimado Luis: lo de las dos lunas, o tres, o quizá muchas más, ha ocurrido y ocurre con frecuencia en las mentes de quienes estamos dispuestos a verlas con otros ojos que no son los de nuestra vista humana. Cuando escribía el cuento, te aseguro que estaban presentes ante mí, y eso me permitió describirlas. Luego de colocar la última palabra desaparecieron, pero estoy absolutamente seguro de que reaparecerán cuando quiera convocarlas para hacerme sentir esa maravillosa experiencia de ser yo en ese momento su Creador. Un abrazo grande y felices fiestas.

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  4. Hermosa creación Daniel. Me encantó. Es la magia que está en la mente del narrador la que crea un ambiente que pareciera real; aunque, sea ficción. Mas, muchas veces sucede que la realidad y la ficción cobran idéntica vida. Mañana será la noche de la "super luna". Me encantaría poder observarla. Sin embargo, como conoces bien el cielo de esta ciudad podrás imaginar que las nubes no lo permitirán. Ya pasó con casi todos los fenómenos astronómicos anunciados durante semanas, que justo al momento de producirse..., las nubes cubrían el cielo nocturno de la ciudad impidiéndonos la observación. Te mando un enorme, fraternal abrazo. Y felicitaciones por el relato.

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    1. Querida Juana: gracias por tu hermoso comentario. Hay un cielo físico que las nubes y la contaminación perturban por aquellos lares, pero vos tenés tu propio cielo personal pleno de astros maravillosamente bellos y brillantes que no dejan de alumbrarte y cuyos reflejos nos llegan a los que tenemos la especial dicha de conocerte. Si las circunstancias te lo permiten, que sumes ambos fenómenos, el real y el virtual, y los disfrutes. Y cuando busquemos la superluna en nuestro cielo esquelense, la hallemos o no te tendremos presente en tanto compartirmos la de tu cielo personal. Un saludo afectuoso y gracias por tu permanente colaboración con nuestro trabajo. Daniel.

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